Musa de estrecho trasero.

Sentado detrás de una gran cristalera, en un sofá de diseño, con aire acondicionado y escuchando a Shakira cantando en inglés a través del hilo musical de este hotel de Bangkok, el más caro en el que me he alojado en los últimos... ¿años?.


Al otro lado del cristal, otro mundo, de entrada un mundo donde hace más calor, bastante más calor. A escasos tres metros de mi una suerte de pequeños kioskos riegan la acera. Todos con sus sombrillas de colores. Gafas de sol, diademas, gomas para el pelo, pendientes y otros colgajos, hasta bolsas de rafia del Carrefour... cualquier cosa se puede vender y/o comprar en las calles de esta ciudad, pero sobre todo comida, mucha comida.


Entre los kioskillos y yo está el río. El río de gente que camina por la acera. Hay de todo, evidentemente predominan los Thai, pero hay de todo, esta ciudad ofrece una mezcla increíble de razas y culturas y aun después de casi ocho meses en Asia el exotismo de los rasgos asiáticos me sigue llamando poderosamente la atención.

 

Caminan rápido, muchos y muchas llevan tarjetas de identificación colgadas del cuello, es la hora del almuerzo y bajan de las oficinas cercanas a comprar algo de comida para después volver a esas minas de acero y cristal dónde los poderosos se hacen cada vez más ricos a consta de sobreexplotar la mano de obra barata de este y otros países del entorno. Salarios de vergüenza para gente noble pagados por canallas indecentes en la mayoría de los casos. Aquí el mundo no es mejor que en occidente, al contrario.

 

Tener la puerta del hotel a tres metros de la escalera mecánica del Skytren tiene esta ventaja, puedes sentarte en la recepción a esperar el taxi que te llevará al aeropuerto mientras observas muy cerca la vida cotidiana de Bangkok. De repente alguien se para, se echa hacia un lado para no interrumpir ese tráfico de personas y se acerca a mi cristal.

 


Viste como muchas asiáticas un vestidito barato de poliester con estampado de flores pequeñas, bastante ceñido y falda demasiado corta pensará su madre, demasiado larga pienso yo.



Mujer, unos 30 años, pelo lacio y negro hasta donde la espalda pierde su casto nombre, ojos muy rasgados y piel clara, no es Thai, tampoco es china... yo apostaría a que es Coreana. Atiende la llamada de su móvil en inglés, no la escucho, ni siquiera la oigo, Shakira no me deja y el cristal me lo impide, pero está muy cerca y alguna palabra consigue llegar hasta mis oídos. Viste como muchas asiáticas un vestidito barato de poliéster con estampado de flores pequeñas, bastante ceñido y falda demasiado corta pensará su madre, demasiado larga pienso yo.

 

Está tan cerca que me tapa gran parte de la visión, sin embargo su estrecho trasero tan cerca de mi no me incomoda en absoluto porque me hace soñar... Me ha leído la mente y no ha debido gustarle porque ha colgado su llamada y se marcha. Ha dejado de ser mi musa para convertirse de nuevo en gota, en una gota de ese río humano que incansable le da vida a esta ciudad.

 

Ocho millones de gotas que cada día se mueven por las calles de Bangkok, ocho millones de historias, ocho millones de vidas. Una de esas gotas se para en el kiosko de los pendientes baratos, se prueba uno, luego el otro, el tendero, un señor de gafas grandes y blancas y pelo de pincho, saca un espejito no más grande que la palma de su mano y se lo coloca frente a la cara a esta triste mujer, que sin embargo, parece que los pendientes le van a alegrar el día, porque sin pensarlo mucho saca 40 Baths de su monedero y se los da al tendero. Con este gesto descubro que su dentadura es igual de blanca que sus gafas. Bonita sonrisa.


El del casco amarillo ha pasado ya tres veces por delante de mi, no se si está trabajando, está perdido o está buscando algo... si llevara un pasamontañas sería sospechoso de algo malo, pero no, aquí como en todos lados hay chorizos, pero el budismo marca sus vidas y lo del mangoneo no es muy habitual. Si adoptas unas mínimas precauciones no deberías tener problemas de ese tipo en una ciudad como esta, y si te vas a los pueblos más pequeños mucho menos.

 

La señora de las diademas acaba de mirarme, la he sonreído y ella me ha devuelto otra enorme sonrisa. Es bajita y gordita, bueno, algo más que gordita, cuando se sienta en su vieja y desgastada silla de plástico azul me recuerda a los luchadores de sumo. Aunque la belleza física no haya sido un don que le haya otorgado Dios, perdón, Buda, su amabilidad es desbordante y sonríe a todo el mundo... le debe ir bien esta técnica porque sobrevive vendiendo diademas para el pelo. En Europa esto sería impensable por muchas sonrisas que dispensara al día.

 

Me llama la atención lo de los paraguas, muchas mujeres llevan paraguas para protegerse del sol y es que aquí, como antaño en la vieja Europa, estar moreno no está bien visto y hasta los protectores solares son blanqueantes. Nosotros deseando que llegue el verano para ir a la playa y lucir el morenito y en el sudeste asiático huyen del sol muchas veces de forma hasta cómica.

 

(...Dos horas y ocho minutos después)

 

Cuando me pongo a escribir se me pasa el tiempo sin darme cuenta. Se me ocurrió mirar el reloj y tuve que salir corriendo o cabía la posibilidad de perder el avión. El tráfico en Bangkok es terrorífico y en determinadas ocasiones el trayecto más corto puede suponer mucho más tiempo de lo normal.

 


Un grupo de chinos y chinas, de avanzada edad se han sentado en los asientos aledaños al mio. La jodimos. Se acabó la paz, se acabaron los sonidos apagados por la moqueta, llegó en espectáculo de mala educación.


Puerta de embarque 22.

Aeropuerto de Don Muang.

 

Una puerta de embarque de un aeropuerto de una capital asiática es mucho menos divertida que una calle de Bangkok con kioskitos multicolor. Todos los aeropuertos son distintos, sin embargo todos parecen iguales. Este no es diferente. La típica señora corriendo con el pasaporte en la mano porque pierde el vuelo... grupito de azafatas uniformadas caminando al unísono mientras tiran de sus minimaletas con ruedas... el ding, don, ding que avisa del embarque del vuelo tal con destino a guirilandia...

 

Antes de venir a Asia me preocupaba por otras cosas, como por ejemplo si había zona de fumadores en la zona de tránsito, ahora afortunadamente eso ha dejado de ser un problema. Bien!! Insisto, sólo por haber conseguido dejar de fumar este viaje ya ha merecido la pena. Estoy orgulloso de eso.

 

Ahora le doy mucha más importancia a si en la zona de tránsito hay wifi gratuita o no. En este, la compañía Nok Airlines tiene una wifi abierta para sus clientes, introduces tu número de vuelo y accedes, lamentablemente vuelo con Air Asia y me da una pereza terrible acercarme a las pantallas a copiar un numero de vuelo de Nok, pero bueno, al menos existe la posibilidad, no como en otros aeropuertos como los españoles sin ir más lejos, en los que nos gastamos millonadas en construir aeropuertos dónde no opera ni un avión, pero somos incapaces de poner internet a los que tenemos. Ni siquiera de pago!. Semos asín.

 

Está embarcando el vuelo de Air Asia con destino a Hong Kong, después va el mío. Voy a Yangón, o Rangún, según prefieras. Antigua capital de Myanmar, o Birmania. También puedes elegir. El caso es que excepto los nombres de los sitios me temo que pocas elecciones más voy a poder hacer en los próximos 28 días... pero esto mejor os lo explico cuando regrese.

 

Desde mi última entrada triple de SaPa, no había escrito nada, y eso es porque me he estado moviendo bastante. De SaPa a Hanoi, de Hanoi a Saigón, de Saigón a Singapur de Singapur a Kuala Lumpur, y de Kuala Lumpur a Bangkok.... y hoy a Birmania, donde me temo que tampoco voy a parar mucho porque el visado es sólo para 28 días y hay muchas cosas que ver.

 

Estaba escribiendo esto cuando un grupo de chinos y chinas, de avanzada edad se han sentado en los asientos aledaños al mio. La jodimos. Se acabó la paz, se acabaron los sonidos apagados por la moqueta, llegó en espectáculo de mala educación. Eructos, dedos en la nariz, hablar a voz en grito, quitarse los restos de comida que se quedan entre los dientes con las uñas (negras por supuesto), carcajadas que van más allá de lo obviamente natural. En fin... china en estado puro, rodeándome... he tardado cero coma en cerrar el portátil, meterlo en la mochila y buscar un asiento lo más alejado posible de esta recua de animales...

 

Soy experto en dormirme en los aviones, sobre todo si estoy en un asiento con ventanilla a mi izquierda. En esos casos suelo quedarme frito incluso antes de despegar. Hoy no será el caso, tengo el asiento 20B, osea... B, es decir que si tengo suerte me toca pasillo, pero lo más probable es que vaya en medio del A y el C... me da igual, tengo un sueño del copón y pienso dormir igualmente.

 

Os dejo. Llaman a embarcar.




Escribir comentario

Comentarios: 0