SaPa es mágica (II)

Continuación de la entrada anterior


Una de las anécdotas más increíbles me ocurrió una tarde, a última hora, después de haber estado recorriendo el valle de SaPa en moto. 

Plantaciones de arroz en Sapa
En SaPa existen miles de terrazas con plantaciones de arroz. El arroz es la base de la alimentación de los lugareños.


Había localizado un lugar hacia unos días donde tenían una nevera con bebidas frías. Es una casa en un cruce de caminos, la “carretera” llega hasta allí y también pasa por allí el sendero de los trekking de un día, la casa está como en un alto y tiene un mirador con algunos troncos cortados a modo de sillas y mesas y los turistas que vienen haciendo trekking suelen parar para beber algo fresco y seguir camino con sus aldeanas-guía.

El día que descubrí ese lugar, también conocí a un personaje realmente curioso, Dave, un californiano (aunque como el mismo me confesó no suele decir que es americano... recordar, estamos en Vietnam y aquí los norteamericanos no son muy bien vistos por alguna gente..) que es pintor, y estaba allí liado con sus acrílicos, feliz, disfrutando del paisaje, y de los lugareños que extrañados se acercaban a ver que hacía. También estaba recorriendo el valle en moto. Era un tipo feliz... bueno, mejor dicho, éramos dos tipos felices...



Dave en pleno proceso creativo
Dave en pleno proceso creativo
Acabando la obra.. Gracias Dave por ese ratito, amigo!
Acabando la obra.. Gracias Dave por ese ratito, amigo!


Bueno, voy con la anécdota... Eran como las 5 de la tarde, quedaba como una hora u hora y media para que se fuera la luz, pensé en tomarme un refresco allí antes de volver al hotel en SaPa, estaba un poco cansado de todo el día en moto. Cuando llegué, el chaval que regenta el chiringuito se extraño, pues normalmente no debe parar mucha gente allí a esa hora. Los grupos de turistas haciendo trekking pasan por las mañanas, y la carretera cien metros más allá no tiene continuidad, como bien pude comprobar el primer día.

El caso es que me acerco a la nevera, cojo una lata de coca cola fría, él pone música occidental y me quedo disfrutando del paisaje y de Amy Winehouse cuando me doy cuenta que al pie de la montaña había un grupo de gente trabajando en una de las terrazas sembradas de arroz. Me quedo mirando hacia ellos... alguno/a me mira... saludo con la mano, y alguno/a me devuelve el saludo... los veo hablando entre ellos y en un momento dado, una señora, a voz en grito me habla en inglés. Estaba tan lejos que era imposible entender lo que decía, pero más o menos creo que me estaba “invitando” a que fuera a sembrar arroz con ellos. Vamos, lo que yo digo... que serán pobres, pero no tienen un pelo de tontos...



Sapa
Sembrando arroz... sí, allí abajo. ¿como que no los veis?
Sapa
¿Y ahora?... Yo hablaba (a gritos) con la cuarta persona empezando por abajo.


La verdad es que me hubiera puesto manos a la obra, pero a ver... tenía que bajar la montaña y eso significa que al terminar tendría que subirla de nuevo empapado de barro... Entonces le contesto que no... le digo que suba ella y que la invito a tomar algo... (todo esto a gritos claro, yo desde la cima y ella abajo) Insiste, que baje... y yo que no, que suba ella... creo entender que me dice algo así como que baje y les lleve algo de beber, le digo que tururú... que les invito a beber, pero que suba ella...

Y así estábamos, hablando a gritos montaña arriba montaña abajo, cuando me viene a la mente lo listos q fueron los gomeros al inventar el silbo...



yo le hago el gesto con la mano diciéndole que venga, y la señora ni corta ni perezosa se sale del arrozal y empieza a subir la montaña cual cabra montesa


El pobre chaval del chiringuito no entendía nada, él lo que vio fue llegar a un extranjero que coge una cocacola y se pone a hablar a gritos con una señora que está plantando arroz... en fin..


El caso es que después de un rato la señora con su sombrero cónico, vuelve a gritarme desde abajo... y yo insisto, que suba ella..... y vaya que si subió!!! Que de repente, hace el amago de dejar el arroz, yo le hago el gesto con la mano diciéndole que venga, y ella ni corta ni perezosa se sale del arrozal y empieza a subir la montaña cual cabra montesa!!.. Sí, sí... tal como lo estoy contando... una señora en pijama, con un sombrero de paja, subiendo la montaña, para hablar conmigo porque se había cansado de pegar gritos, supongo... Creía que lo había visto casi todo, pero se ve que no... parece ser que Asia no quiere dejar de sorprenderme...

Que no os extrañe lo del pijama. Es el uniforme nacional.



Sapa
Terrazas sembradas de arroz.

 

A lo lejos escucho las risas de los agricultores, que desde abajo ven como su compañera poco a poco asciende por la montaña. Yo desde arriba, con los ojos como platos, no puedo creer lo que estoy viendo y sin embargo ella cada vez estaba más cerca...

Al llegar a mi lado, jadeante, veo que es una señora de unos cuarenta y tantos, nos presentamos, se llama “Su” (muchísimas mujeres de la etnia Black H'mong se llaman “Su”) Me doy cuenta que es Black H'mong por su peineta, seña de identidad característica de estas mujeres. Intercambiamos saludos y le digo que coja cerveza o refrescos de la nevera para la gente que está abajo con ella, que se lo ha ganado. Vaya si se lo ha ganado...



A lo lejos escucho las risas de los agricultores que desde abajo ven como su compañera poco a poco asciende por la montaña. Yo, con los ojos como platos, no puedo creer lo que estoy viendo 



Después de separar en una bolsa hasta trece latas de bebidas frías, nos quedamos hablando un rato y me dice que ya están a punto de acabar la jornada, y que en breve sus compañeros subirán... hablamos del arroz, del tiempo que tarda en crecer, de cuando lo recogen, y otras trivialidades... su inglés es bueno, mejor que el mío desde luego (lo cual tampoco es muy difícil). Me cuenta que al día siguiente no trabajarán porque es domingo y tienen que ir a misa. Son protestantes y muy religiosos.

Al poco vemos como sus compañeros empiezan a subir la montaña, despacio, cansados, llenos de barro. Entre ellos hay de todo, desde una chica adolescente con no más de 16 años a un señor que debe pasar los 60... Llevan muchas horas de trabajo duro en el arrozal, se les nota en el caminar, bueno casi lo llamaría en el escalar... No se esperan una coca cola bien fresquita cuando lleguen arriba, va a ser una sorpresa.



Mujer H'mong
Ella es Su.


A medida que van llegando Su va ofreciéndoles la bebida y les explica en su propia lengua que es una invitación del extranjero, ellos me miran y me dan las gracias con una sonrisa, alguno incluso se atreve con un “Zenkiu”. Están contentos, es sábado, mañana no trabajan, les han invitado a un refresco bien frio después de un duro día al sol.

 

Me miran, sonríen, hablan entre ellos, me vuelven a mirar... los más jóvenes son más curiosos, se fijan más en los detalles... mis botas les llaman la atención, mi mochila también. Con una manguera se van lavando uno a uno, se quitan el barro, limpian sus chancletas... alguno por no esperar su turno en la manguera lo hace con el agua de un arroyo que pasa cercano.

Están acostumbrados a ver turistas, pero no están acostumbrados a que un extranjero les invite a beber después de trabajar... ni a compartir el momento “manguera”, me siento como un intruso, sin embargo se que no soy mal recibido. Entre Su y yo se ha creado una incipiente amistad, hay sintonía y respeto, ambos nos damos cuenta y sus compañeros también. Me encanta vivir este instante. Me he olvidado por completo que tengo la cámara en la mochila, no es momento de fotos, es momento de emociones.



Sapa
Cerca de Ta Van


Hay un largo camino hasta la carretera que comunica SaPa con el valle, un jeep viene a recogerlos pero no caben todos, son trece, demasiado peso para el viejo Toyota Land Cruiser, algunos deberán volver a casa caminando y la noche les caerá antes de llegar. Ellas, cuando lleguen aun tendrán que hacer la cena para la familia.


Su se despide de mi, me dice que tiene que partir, que aun le quedan un par de horas de camino antes de llegar a casa. Le pregunto si ella ha venido sola, me dice que sí y le digo que entonces la llevo a su casa en moto. Se le ilumina la cara.




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