Saigón con los cinco sentidos

No es fácil describir una ciudad como Saigón, sencillamente porque es una urbe que sobrepasa todos los sentidos.


Una ciudad que no deja de sorprender
Una ciudad que no deja de sorprender


Acelerada a cualquier hora del día, parece que sus horas más calmadas son cuando el sol cae con justicia, pero en cuanto su intensidad afloja un poco, con las últimas horas de luz natural que poco a poco van dando paso a los neones de colores, la ciudad revive con fuerza, es entonces cuando Saigón despliega todo su potencial, vibra con apogeo y aturde a cualquiera que no esté acostumbrado a este trepidante ritmo.



Bitexco Financial Tower, el segundo edificio más alto de Vietnam
Bitexco Financial Tower, el segundo edificio más alto de Vietnam

Los sonidos

Entre el sonido de los claxon, el trepidar de los seis millones de motocicletas que tiene esta ciudad y que vienen y van en todas direcciones, los vendedores ambulantes que en sus bicis cuelgan un altavoz repitiendo frases ininteligibles, otros que te atosigan con el típico “-Buy something sir”, o el no menos común: “-Massage sir? Cheap price!”, la música alta que sale de los locales para turistas que riegan el Distrito 1, los moto-taxis que te preguntan insistentemente a donde quieres ir...

Todo este bullicio llegar a conseguir que te bloquees, tu mente se ve obligada a hacer un sobreesfuerzo para identificar y catalogar cada uno de los sonidos que le llegan, y después al llegar a la silenciosa habitación de tu hotel, ese alboroto de la ciudad sigue presente en ti mediante un ligero zumbido que te acompaña durante un buen rato todavía.


Al caer la noche, la ciudad despierta y luce con sus mejores galas.
Al caer la noche, la ciudad despierta y luce con sus mejores galas.

Los olores

El olfato juega otro importante papel en una mega urbe como Saigón, y es que aquí la vida se hace en la calle, y la comida también. Desde primera hora de la mañana diversos olores inundan la ciudad. En cualquier avenida, calle o callejón encuentras puestos de comida y pequeñas barbacoas que desprenden los más variados aromas.

En los mercados, el olor a fruta fresca, a pescado, a carne, a dulces... impacto olfativo tras impacto olfativo...  pero no todo son fragancias encantadoras, cuando caen unas gotas de lluvia las alcantarillas también se activan desprendiendo aromas poco agradables. Y es que Saigón es así, cara y cruz de la misma moneda. Lo bueno y lo malo se entremezcla constantemente.


El olor a incienso inunda templos, casas, comercios...
El olor a incienso inunda templos, casas, comercios...

La vista

Una mezcla de emociones te embarga allá donde mires. Puedes encontrar símbolos muy familiares a ti mezclados con imágenes que no habías visto nunca. Grandes luminosos de primeras marcas que se funden con carteles en caracteres vietnamitas, coches último modelo que se mezclan con “cyclos” en los que un sufrido local pedalea mientras que su cliente turista adinerado va observando la ciudad cómodamente.

Ves ojos rasgados debajo de sombreros cónicos que te miran y que no eres capaz de descifrar que te quieren decir. Gente en pijamas de colores caminando por la calle, o un gallo, gallinas y pollitos en una acera haciendo la misma vida que harían en una granja.

Los impactos visuales se multiplican al caer la noche cuando se encienden las luces. Es entonces cuando Saigón se convierte en una verdadera ciudad multicolor. Varios edificios ofrecen la posibilidad de subir a lo más alto para contemplar el espectáculo de la puesta de sol, a la vez que se van encendiendo las luces de la ciudad. La “Bitexco Financial Tower”, el edificio más alto de Saigón, ofrece unas vistas inmejorables desde su planta 49. 



Vista de Saigón desde la planta 49 del "Bitexco Financial Tower"
Vista de Saigón desde la planta 49 del "Bitexco Financial Tower"

El tacto

Esta es sin duda una ciudad para comprar. Muchos turistas entran y salen del país por el aeropuerto de Saigón y aprovechan sus últimas horas en la ciudad para hacer sus compras... es cuando el tacto entra en acción. Antes de comprar, toca. Antes de comprar, te tocan.

Caminar por los pasillos del Ben Than Market es una muestra de ello, pues algunos vendedores te agarran literalmente del brazo para que entres en sus tiendecitas, una vez dentro tus manos van directas a los objetos que en ellos se exponen. ¿Quieres una camiseta? ¿Un reloj? ¿Una gorra?... tócalo! Es la manera más fácil de comprobar su calidad.

En el Distrito 1 también el tacto tiene un papel esencial, pues las casas de masajes se multiplican por doquier, y es que después de un agitado día de compras, un buen masaje relajante es una bendición...

 


El gust0

Y aunque sea el último, no es por ello el menos importante, y es que en Saigón, y en general en todo Vietnam, el gusto es una parte esencial del país.

La cocina vietnamita es reconocida a nivel internacional, tiene una gran influencia de la afamada cocina francesa y la riqueza de los productos frescos locales, así como una enorme variedad. Especialmente las sopas y los caldos vegetales son altamente apreciados, tanto que hasta el propio Bill Clinton en su visita a Saigón no pudo evitar almorzar en el conocido restaurante “Pho 200”, muy cerca del mercado central.

Pero si lo que prefieres es un lugar con historia, en el “Pho Binh” podrás degustar una fantástica sopa de noodles mientras un amable camarero te cuenta que aquel local, muy frecuentado por los soldados norteamericanos durante la guerra de Vietnam, era el cuartel general del Vietcong en Saigón. Un lugar emblemático que ha cambiado muy poco desde entonces.

Y es que Saigón nunca deja de sorprenderte.

 


(Artículo escrito originalmente para lagranepoca.com)



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