El día que toqué las campanas de la Catedral de Mondoñedo


Era un día frio. 

Había ido con mis hermanos a dar una paseo por Mondoñedo y paramos en la plaza de la catedral a tomar un café, chocolate caliente en mi caso. Al salir, decidimos acercarnos a ver la catedral pues mi hermana, que ya había estado allí varias veces, nos recomendó echar un vistazo ya que es monumento nacional desde 1902.


Recuerdo que al cruzar la plaza mi hermano comentó que allí mismo se decapitaba a los infieles en nombre de la religión católica, entre ellos el malogrado D.Pedro Pardo de Cela al que cortaron la cabeza por ser "cruel y poderoso" y pensé que menos mal que eso sucedía hace muchos años, porque de lo contrario era muy posible que me decapitaran a mi también, no por cruel y poderoso, si no por infiel! (a la religión entiendase...)

La verdad es que no tengo por costumbre entrar en catedrales a menudo, pero comparando esta con otras en las que he estado me pareció un poco fria y sosa.

Mondoñedo fue una ciudad importante en el medievo y aún hoy sigue siendo sede episcopal. El titulo de sede episcopal en la edad media se le otorgaba sólo a los principales centros urbanos de la época lo que indica la importancia de esta urbe por entonces.


El caso es que allí estábamos, dentro de la catedral echando un vistacillo a la parafernalia religiosa que suele haber en todas las catedrales, y sin embargo con la sensación de que faltaban cosas.

Y claro que faltaban cosas!.. resulta que en el interior de la catedral hay un museo, el Museo catedralicio y diocesano, uno de los museos religiosos más importantes de España. Al llegar a la puerta y comprobar el interés de mis hermanos por ver las ¡cinco salas! pensé: "Esto ya es mucho para mi" y decidí esperarles en la plaza y aprovechar la poca luz que quedaba para hacer alguna foto del entorno e imaginarme aquello lleno de gente vestida de medieval, alborotada, mientras corría por el suelo la sangre de la cabeza de algún desdichado "infiel".

Y ahí estaba yo, con mis fotos y mis sangrientos pensamientos cuando de repente se me acerca un paisano con cara de buena gente y se produce la siguiente conversación:

-"Hola, voy a subir a tocar las campanas, y a darle cuerda al reloj. ¿Quieres subir conmigo?"
......
[Momento ¿dónde está la cámara oculta?]
......
-"Pues claro! Gracias!"


Y ahí que nos dirigimos el paisano y yo hacia la puerta de la catedral, el paisano con su cara de siempre, y yo con cara de "venga coño, esto no puede ser cierto..."

 

Entramos en la catedral, el paisano delante, claro... y yo tras sus pasos, y me lleva a una esquina donde había una puerta de madera, la abre y empieza a subir por unas escaleras de caracol, de piedra, que debían tener al menos 800 años... (de hecho los tenían).

Como estoy en plena forma me subí los tropecientos mil escalones sin inmutarme.... ....


Vale, es mentira, he de reconocer que cuando llevaba un par de cientos me estaba acordando de la madre del paisano, del arquitecto, de todos los santos y de la virgen maria, y lo peor de todo es que niguno de ellos tenía la culpa de nada, en fin... ¿cuando aprenderé a decir "No, a mi dejame aquí tranquilo que me voy a limpiar las botas de sangre"?

El caso es que me subí la torre como un campeón, con la lengua fuera, pero como un campeón,  y me entró cierta satisfación al ver al paisano, que tiene que estar harto de subirla, con la lengua más fuera que la mía..... y pensé: "Sergio, coge airé que ahora te va a hacer hablar este hombre". Y así fue.

Una vez arriba, entre inhalación y exhalación, el paisano se me presenta. Resulta que se llama Valentín y que es el campanero de la catedral, cosa que le viene de familia, pues padre, sus abuelos, y sus bisabuelos también lo eran.

Con tanta familia campanera no es de extrañar que Don Valentín sepa más de las campanas de la catedral que el propio obispo, y aquel buen hombre empezó a contarme un montón de cosas que no voy a reproducir aquí por falta de tiempo, espacio y ganas, pero que se quedan en mi memoria para contárselas a mis nietos algún día (si procede).

Sólo daré un dato, en España actualmente sólo quedan tres catedrales en las que las campanas se toquen a mano. El resto de catedrales han electrificado el sistema, y en Mondoñedo también quisieron hacerlo, pero gracias a Valentín y su familia, que altruistamente y con una precisión suiza sube cada día al campanario, la profesión de campanero aún existe. 

De repente me di cuenta que estaba ante un raro especímen en peligro de extinción, algo así como el último farero, delante de alguien que dedica su vida, sin contrapartida ninguna a mantener una tradición que está abocada a desaparecer. Ya me cayó bien el buen hombre abajo en la plaza, pero ahora me caía mejor aún y me producía cierta admiración.... me da lo mismo que sea por tocar las campanas de la catedral o por recolectar margaritas en el campo. Alguien que hace lo que hace el bueno de Valentín creo que se merece el más grande de los respetos.

Mientras él se puso a su tarea relojística, es decir, a darle a una manivela enorme que tira de una cuerda (de cuerda de cáñamo, sí) en cuyo extremo hay unas piedras de 300 kg de peso, que recorren el interior de una de las torres de la catedral, Valentín me dijo que podía hacer fotos de la vista.... Ostras! Las fotos!... con tanta historia, y admirado como estaba de Valentín, de la catedral, y de ver Mondoñedo desde lo más alto ya casi se me había olvidado que llevaba la cámara colgando del cuello y entonces tomé una decisión que como fotógrafo pocas veces he tomado. Dada la premura del momento y que quería disfrutar del mismo, puse la cámara en automático. No quería complicarme la vida, quería vivir el instante y que las fotos sólo fueran el testigo de "Yo estuve allí".

Y... esto fue lo que salió: 

Puedo prometer y prometo que le pregunté a Valentín que si quería que le echáse una mano con la cuerda del reloj y me dijo que no. Lo aclaro para que nadie me crucifique en los comentarios del blog...


En un momento dado, disparé un par de fotos a Valentín mientras hacía su trabajo, y en ese instante, dejó de dar cuerda, de dirigió hacia mi y me dijo que lo de hacer fotos bien, pero que de me agradecería que no las colgase en internet, por tanto y respetando su voluntad no pondré ninguna foto de él ni del mecanismo del reloj de la catedral, que por cierto data de 1863.


De todas formas os reservo una sorpresita al final de la entrada, porque a él lo respeto, pero a vosotros os quiero más.

Terminado el asunto del reloj pasamos a la otra torre donde nos esperaban Paula, Prima y Ronda.

Paula es la más grande de las campanas (2.500 kg), las otras dos son enormes también pero más pequeñas. La Paula, según me contó Valentín, sólo se toca una veintena de veces al año, y se hace al unísono con las otras dos para lo cual mi campanero favorito necesita ayuda de un familiar pues evidentemente él sólo no puede tocar las tres, eso sí, para sorpresa mía me comentó que su padre sí lo hacía....

 

Después de tocar un rato a Prima, me dijo que iba a tocar el Esquilón, que es un toque de campana muy característico y se hace con otra campana más pequeña situada en la misma punta del campanario.

El Esquilón era el toque que se hacía a diario para llamar a los canónigos y sacerdotes a los cantos gregorianos. Cuando dejaron de hacer cantos gregorianos dejó de tocarse a diario y Valentín ha querido conservar esa tradición por tanto ahora sólo se toca los sábados, aunque no haya cantos.

El Esquilón tiene un sonido tan característico y está tan arraigado en las constumbres de los mindonienses, que según me comentó Valentín, hay gente de Mondoñedo que vive en Madrid, que aún llama por teléfono a la Farmacia que hay en la plaza para que el farmacéutico asome el teléfono por la puerta con el único fin de poder escuchar el Esquilón. También era el toque que marcaba el fin de la jornada de trabajo, cuando la gente lo escuchaba sabía que su jornada estaba a punto de finalizar.

Es un repique que dura 15 minutos, y que se hace a mano, es decir, tirando de una cuerda, y alli estaba ese buen hombre, después de haber subido a manivela 300 kg de roca unos 25 metros de altura, dandole que te pego a la cuerdita de la campana y contandome estas cosas, cuando de repente me dice: "Quieres tocarla?, es fácil"... y claro, no iba a negarme...

Así que allí me encontraba yo, hacía 20 minutos tenía las botas manchadas de sangre infiel imaginando cabezas rodando por el medio de la plaza, y ahora me encontraba en el campanario de la catedral llamando a los monjes para hacer cantos gregorianos. En fin... la vida, que te depara sorpresas...

Mientras tocaba la campana, Valentín me iba contando cosas curiosas de la catedral a la par que controlaba con su smartphone los minutos que quedaban de Esquilón. El caso es que probablemente dentro de poco sea un smartphone como ese el que controle el toque de las campanas tal como ya ocurre en la mayoría de campanarios de este país.

LLegado el momento, y siguiendo las órdenes del campanero, dejé de mecer aquella cuerda y la campana calló. Los mindonienses habían escuchado su tradicional Esquilón, y mis hermanos esperaban en la plaza.

Fin.

Ah, no... que os prometí una sorpresa! Bueno, pues ahí van dos:

El mismísimo Valentín explicando a unos peregrinos el funcionamiento del campanario, y otro vídeo en el que supervisa a un tal Javi la tarea de darle cuerda al reloj.

Valentín. Gracias!

 

 



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Comentarios: 8
  • #1

    Sergio Díaz (martes, 13 noviembre 2012 11:35)

    Aclaración: Los vídeos no son míos, los he sacado de Youtube.

  • #2

    Noemí Márquez Pérez (martes, 13 noviembre 2012 11:45)

    Me encanta Sergio, no solo las fotos sino tu manera de contar, y aún nos aguarda lo mejor, cuando andes por esos mundos, jejejeje
    el tal Javi estaría 4 días con agujetas después de darle cuerda al reloj! jajajajaja
    pensé que Valentín sería mucho más viejo, la verdad, no te contó si hay alguien detrás de él que se pueda dedicar a esto? porque capaz que es ya el último de la estirpe...
    Bueno Sergio, sigue contándonos tus aventuras, un besote!
    pd: oye...vaya día para partir, no? el 20/11 por lo menos antes de largarte, cágate en el caudillo un poco, vale? ;)
    besos

  • #3

    Sergio Díaz (martes, 13 noviembre 2012 15:23)

    Me contó que unas veinte veces al año tocan las tres campanas a la vez, y que mientras él toca las dos más pequeñas su cuñado es el que se encarga de la Paula. Lo que no me dijo es si cuando él ya sea demasiado mayor el cuñado seguirá con la tradición.
    Lo del 20N no deja de tener su gracia, pero te aseguro Noemí que la fecha ha sido elegida únicamente por criterios económicos!!.. Ese día me salía más barato volar.
    Por otra parte me alegro que así haya sido porque para mi el 20N ya tendrá otro significado.
    ;-)

  • #4

    Cecilia (martes, 13 noviembre 2012 22:54)

    A mi también me ha reconfortado esta historia Sergio. Tu manera de contar las cosas, se imagina uno también estar ahí arriba viendo los tejados, las calles, la plaza, la gente pasear de un lado a otro y dejarse llevar por el sonido de las campanas. Dong, dong, dong.....
    Te felicito una vez más, no dejes de escribir!!!

  • #5

    Chus Amieiro (sábado, 13 abril 2013 16:53)

    Buenas tardes Sergio,
    Gracias por llevar una parte tan bonita de nuestro Mondoñedo por el mundo.
    Gran campanero y gran persona Valentín.

  • #6

    carmen Seivane (domingo, 14 abril 2013 01:13)

    Un gran señor Valentin pero, no fuerón sus abuelos sino los míos los antiguos campaneiros de la catedral de Mondoñedo eran los padres de mi padre,después siguió mi padre (Manolo o campaneiro)mi madre y hasta yo misma al igual que mis hermanas las que tocabamos cada día el esquilon tres veces al día y los Sabados cuatro veces,cuando mi padre no pudo seguir continuó mi tio hermano de mi madre y a continuación mi primo Valentin para que no se perdiera la tradición. Ago esta aclaración que mucha gente de Mondoñedo conoce y por que estamos orgullosas de que nuestro padre era el CAMPANEIRO DE LA CATEDRAL DE MONDOÑEDO.

  • #7

    Sergio Díaz (domingo, 14 abril 2013 13:39)

    Chus, Carmen, muchas gracias por los comentarios.
    Carmen, ciertamente es muy problable que con la emoción que yo tenía en ese momento no me enterase muy bien de la historia, y seguro que Valentín me la describió como tú cuentas y yo sin querer la he alterado... En cualquier caso me alegro que hayas hecho esta aclaración para que no quede lugar a dudas!
    y a seguir llevando con orgullo el tener un padre que ha sido el Campaneiro de la Catedral!... Claro que sí!... es un orgullo y un honor!
    Un beso muy fuerte desde lo más profundo de Vietnam, de un gallego de corazón.

  • #8

    ester otero (lunes, 15 mayo 2017 09:36)

    Maravilloso sería poco decir, es un vídeo muy completo. Una verdadera joya.
    Felicidades.